Linfoma en perros: qué necesitas saber

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Una de las enfermedades caninas más temidas es el linfoma o cáncer, que se origina por causas aún desconocidas entre los expertos y afecta a todas las ramas del sector.Para hacernos una idea, el linfoma en perros es una enfermedad sistémica y progresiva que tiene su inicio en los órganos del sistema linfático, como el bazo o los nódulos linfáticos, a causa de la proliferación descontrolada y maligna de las células del sistema linfoide.

El linfoma provoca neoplasia (una masa anormal de tejido, llamada neoplasma, que va creciendo de forma descontrolada) y también tumores hematopoyéticos (relacionados con tejidos encargados de la producción de células sanguíneas). En este artículo te explicamos todo lo que necesitas saber al respecto de esta enfermedad.

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¿A quiénes puede afectar?

A pesar de que no conocemos la razón por la que esta enfermedad se produce, al margen de los factores genéticos, sí sabemos que existen ciertas razas con más predisposición a la hora de padecerla. Algunos ejemplos son el Basset Hound, el Pastor Alemán, el Bóxer, el Golden Retriever o el San Bernardo.

Además, los expertos sospechan de algunos factores de riesgo que podrían provocar la aparición del linfoma. Estos son tanto ambientales (estar en contacto prolongado con herbicidas, productos químicos o humo de tabaco, entre otros) como víricos. Por otro lado, también pueden existir causas inmunomediadas, como el uso de una serie de fármacos inmunosupresores o ciclosporina.

En cuanto a la edad, los casos más habituales se dan en perros adultos, de entre los 5 y los 11 años de edad.

Linfoma en perros

Tipos de linfoma en perros

Dependiendo de dónde se localice, podemos encontrar cuatro tipos de linfoma en perros:

  1. Multicéntrico. Es el tipo más común y consiste en una linfadenomegalia generalizada y bilateral que puede llevar consigo multitud de síndromes y signos inespecíficos colaterales, tales como fiebre, anorexia o apatía.
  2. Mediastínico. Se trata de una linfadenomegalia de los nódulos del mediastino, un espacio en mitad del tórax que separa los pulmones. Normalmente, produce tos y disnea, entre otros.
  3. Alimentario o gastrointestinal. Se presenta en el tracto y desencadena síntomas gastrointestinales. El bazo y el hígado pueden verse también afectados.
  4. Se llama así cuando causa alteraciones que afectan a un órgano concreto, a los riñones, a los ojos, al sistema nervioso o a la piel.

 

Detectar los síntomas de linfoma en perros

Lo primero que podríamos apreciar es que nuestro perro se muestra apático y aletargado, y/o que presenta una bajada considerable de peso. Por otro lado, si nuestro perro tiene linfoma, es probable que encontremos nódulos linfáticos agrandados en la ingle, la axila, el cuello o el pecho. También es posible que se vean afectados el hígado y el bazo, los cuales se agrandarían y, por tanto, harían que notásemos un aumento en la zona abdominal de nuestro can.

Además de esto, si nuestra mascota sufre complicaciones en el pecho, puede darse un derrame pleural, lo que provocaría que su caja torácica se llenara de líquido. Si este es el caso, el perro presentaría dificultades al respirar.

Por último, si el linfoma afecta a la dermis, podríamos encontrar placas en la piel que producirían picores o nódulos en el animal.

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¿Cómo se diagnostica y cuál es el tratamiento del linfoma en perros?

El diagnóstico del linfoma en perros se suele realizar mediante técnicas inmunohistoquímicas aplicadas a muestras obtenidas mediante biopsia y se complementan posteriormente con otro tipo de pruebas complementarias para llevar a cabo una valoración extensa y exhaustiva.

El tratamiento para el linfoma multicéntrico es la quimioterapia, un tratamiento que puede conllevar un coste elevado y un largo proceso, así como efectos secundarios en el animal, pero que, afortunadamente, consigue la remisión de la enfermedad en un 90% de los casos, según diversos estudios. También se aplican en algunas ocasiones tratamientos de radioterapia y cirugía, dependiendo de la gravedad del caso.

En algunas ocasiones, pueden confundirse los síntomas del linfoma en perros con los de la leishmaniosis, una enfermedad de tipo infeccioso causada por la picadura de un mosquito. Por este motivo, es importante realizar distintos tipos de pruebas que aseguren un diagnóstico correcto.

linfoma en perros

Efectos secundarios de la quimio en perros

Muchos dueños de perros que tienen que ser sometidos a un tratamiento de quimioterapia se muestran preocupados por los efectos secundarios que esta puede provocarles. No obstante, no debéis preocuparos en exceso. Según datos de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, menos de un 5% de los canes experimentan efectos secundarios graves o peligrosos para su vida. Además, los efectos secundarios que pueden tener los canes no son los mismos que experimentamos los humanos con la quimio.

Aquí tenéis una lista de posibles efectos secundarios que pueden darse:

  1. Problemas digestivos, como falta de apetito, náuseas o diarrea. Pueden tratarse fácilmente con los medicamentos indicados para ello.
  2. Bajada de defensas, por lo que debemos llevar cuidado para que nuestra mascota no coja ninguna infección en este momento de debilidad. Pueden darse cistitis hemorrágicas o reacciones alérgicas de manera frecuente.
  3. Caída de pelo, consecuencia poco habitual. Aunque es posible que algunas zonas del pelaje de nuestro perro tengan que ser afeitadas, lo que prima en este caso es la salud y no la estética, así que todo procedimiento es bienvenido.

 

Linfomas cutáneos

Dentro del linfoma en perros, encontramos dos tipos de linfoma cutáneo: el Linfoma Cutáneo no Epiteliotrópico y el Linfoma Cutáneo Epiteliotrópico (LCE). Debemos prestar especial atención al cáncer de piel en los perros porque muestra cada vez una incidencia mayor, quizás a causa de que la esperanza de vida de los canes ha aumentado y, con ella, las posibilidades de desarrollar esta enfermedad. Para poder descubrir el cáncer a tiempo, sería oportuno estudiar con detenimiento la piel de nuestro perro cada cierto tiempo, en busca de nódulos, masas pedunculadas o prominencias anormales que puedan hacer saltar nuestras alarmas, para así frenar su rápida progresión.

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